Todos hemos pasado alguna vez bajo la presión que trae consigo el rendir un examen. Durante ese contexto, muchas veces nos bloqueamos y no sabemos qué responder; aunque otra causa, también muy común, es la de no haber estudiado nada debido al simple desgano. A pesar de este lapso de inocente ignorancia, no nos quedamos callados y tratamos de responder lo que sea con tal de ganar algunos puntos extra. Como si se tratara de un juego de azar.
Las consecuencias a todo esto son sólo dos posibilidades: en el menor de los casos, sorpresivamente acertaremos la respuesta; en el mayor de los casos, propondremos un desarrollo bastante ajeno a lo preguntado.
En el presente blog se expondrá las fallidas respuestas que en más de una ocasión hemos dado. El fin sólo es un irónico llamado a la reflexión.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada